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Por: Sección a cargo de T. Juana Banana y Severo Verdugo (Dedicado a la memoria de Carlos Monsiváis)
La muerte de Carlos Monsiváis provocó un lamento. Pero viéndolo bien, el paso a la eternidad del gran escritor mexicano es algo que merecen los que como él, amaron y sirvieron a su pueblo…Carlos Monsiváis fue uno y fue muchos. Fue él mismo, el impredecible, el rebelde, el que platicaba al escribir y escribía al platicar. El elocuente. Pero también fue un Wilde, un Nietzsche, un Cervantes, un Bocaccio, un Allan Poe. Uno y muchos, muchos y uno fue el hipnotizador de gatos y domador de tiranos…Monsiváis nunca le temió a la muerte, ni al qué dirán. Era un perfecto despreocupado del protocolo y de la forma. Vivió como quiso, murió como quiso y a partir de su paso a la eternidad será lo que nunca buscó ni quiso: el referente obligado de la narrativa contemporánea, la columna central de la crónica actual y del relato vulgar. Monsiváis pudo ser como Octavio Paz, pero detestaba las antesalas y las lisonjas; pudo equipararse a García Márquez, pero encontró más real a Portales que a Macondo y nunca estuvo dispuesto, ni en medio de un delirio de senilidad, a declararle la guerra a los acentos, a las “haches”, a las “ges” y a las “jotas”. Nunca fabricó escenarios artificiales para hacer lucir su figura, sino que su literatura fabricó fortalezas y morteros para que el desposeído y el incomprendido se mantuvieran a cubierto dentro de su castillo de cordura. Pocos escritores como Monsiváis han podido o pudieron ser tan leales a sí mismos. Permanecer en una línea no obstante los tiempos, los cambios de sexenio y los ofrecimientos indecorosos. Para Monsiváis siempre fueron importantes los tres, cuatro ó cinco mil pesos que cobraba por colaboración, porque eso era su sustento. Era la manera de proteger su independencia de los “mecenas” modernos, que donde logran el cohecho arruinan la carrera del escritor… Monsiváis fue un gladiador que murió invicto, que cabalgó por los angostos senderos de la virtud y la decencia, que vivió una vida de limitaciones y a veces de persecuciones, pero que al tramontar logró dejar para todos los que admiramos, un gran ejemplo de vida y de literatura. Tienes ganada la eternidad, Maestro.
(En la página 20 de Panorama se publica la postrera colaboración del maestro Monsiváis, “Sin querer”).
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