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Por: Leticia Durán / SIP - Arrasa el PRI en todo el estado
Tuvieron que pasar 21 años de gobiernos panistas: unos buenos, otros regulares, pero definitivamente los actuales pueden calificarse como los peores. Sus errores tanto a nivel estatal, como municipal le costaron al PAN las cinco alcaldías de Baja California y una minoría definitiva en el Congreso Estatal. El pasado 4 de julio de 2010 fue un día histórico tanto para el PRI como para el PAN. El partido tricolor logró recuperar lo que perdió hace dos décadas en la entidad; por su parte, el partido blanquiazul perdió lo que alguna vez se consideró el bastión sagrado del panismo: Baja California. Fue en 1989 cuando el PAN obtuvo una gubernatura en México. Su candidato fue Ernesto Ruffo Appel, desde entonces, el PRI se tuvo que conformar con una alcaldía y algunos curules en el Congreso local. Sin duda, fue un triunfo del PRI, pero también un voto de castigo para los actuales gobernantes por sus malas decisiones y sobretodo, su falta de apoyo real hacia sus electores. El Gobernador del Estado, José Guadalupe Osuna Millán, se quedó solo. Los ciudadanos dejaron a un mandatario panista rodeado de alcaldes y diputados que pertenecen a un partido contrario, una mayoría suficiente para no continuar apoyando su política, sus programas sociales o todo aquello que consideren mal hecho. La debacle del 4 de julio empezó a primera hora; algunas casillas abrieron después de la hora indicada, en otras faltaban los funcionarios de casilla y unas más fueron ubicadas en lugares diferentes a los que se tenía previsto. Dentro de lo que cabe, se consideró saldo blanco en todos los municipios del Estado, aunque prevaleció el ambiente tenso; en Tijuana las últimas encuestas colocaban a Carlos Torres del PAN a la par que Carlos Bustamante del PRI. Fue un proceso electoral y de campañas manchado por el rumor de una elección de Estado, donde el candidato blanquiazul se consideró una imposición desde el Gobierno Federal. Esto marcó el proceso y pudo ser la gota que derramó el triunfo priísta, pues en los cinco municipios de Tijuana vive una ciudadanía cansada de las promesas de un partido acomodado en los puestos políticos, funcionarios que sin vergüenza se apoderaron no nada más de las sillas presidenciales, también de lo que le pertenece al pueblo. A las tres de la tarde los partidos políticos ofrecieron su primera conferencia de prensa, las declaraciones fueron ecuánimes. En la casa de campaña del Partido Revolucionario Institucional se habló de algunas irregularidades e incluso de denuncias ante la Fepade, aún con todo, la fiesta electoral continuaba tranquila, se veía a un PRI ocupado de la situación y a un PAN confiado. A las seis de la tarde se citó nuevamente a los medios de comunicación: a esta hora el PAN ya se proclamaba ganador, a decir de quien coordinó la campaña de Carlos Torres, el exdiputado federal Antonio Valladolid, las primeras encuestas de salida le daban a su partido una ventaja de tres puntos arriba. Por su parte René Mendívil no avanzó nada sobre los resultados. Aseguró que su partido resultaría triunfador pero no podían proclamarse ganadores a esa hora. En esa segunda conferencia el dirigente estatal priísta también denunció el robo de urnas en un distrito que por tradición favorece a su partido. El ambiente se volvió más tenso, la jornada tranquila se había visto manchada por el robo de urnas, mientras que el Partido Acción Nacional daba albricias. Eran las siete treinta de la noche cuando comenzaron a salir los primeros resultados del PREP. Apenas inició la contabilización de los votos y el PRI iba a la cabeza, fue una ventaja pequeña pero significativa. Una hora más tarde, el candidato Carlos Bustamante acompañado por el Senador de la República, Fernando Castro Trenti y los dirigentes estatales y municipales del PRI y el Partido Verde Ecologista de México se proclamaban vencedores no solamente en Tijuana: aseguraban el triunfo en todo el Estado. A esa hora en la casa de campaña de Carlos Torres todo fue silencio y caras de angustia, los resultados preliminares favorecían al partido contrario y los números ya no se movieron. Horas más tarde también se anunció que el PRI no solamente había ganado los cinco municipios, también llevaba una clara ventaja en todos los distritos, lo que significaba una mayoría tricolor en el Poder Legislativo de Baja California. Anunciaron el triunfo y se lo quedaron: Tijuana, Tecate, Rosarito, Ensenada y Mexicali serán gobernados por presidentes municipales del Partido Revolucionario Institucional. En el Congreso del Estado de las 25 curules, 13 están destinadas para legisladores del partido vencedor, tres las ganó el PAN y nueve más serán repartidos de acuerdo a la lista plurinominal. En Tijuana el PRI ganó por una diferencia de 15 mil votos, el triunfo fue sorpresivo hasta para el mismo partido ganador. La ciudadanía despertó a medias, pues no podemos negar que el abstencionismo fue el que venció en Baja California: se tiene la estadística de que solamente tres de cada 10 ciudadanos acudieron a votar, pero sin duda cada uno de ellos expresó su rechazo al gobierno panista. Dos días después de las elecciones y luego de asimilar la derrota, el Gobernador del Estado y el Alcalde de Tijuana aparecieron en conferencia de prensa. José Guadalupe Osuna Millán aseguró que su derrota de debió a la falta de apoyo de la clase media y también aseguro desconocer los motivos de esta actitud entre el electorado. Por otra parte, Jorge Ramos Hernández dijo estar convencido que sus decisiones y forma de hacer política en esta ciudad ha sido y es la correcta, aunque lamentó la derrota de su partido. Ambos mandatarios coincidieron en que su tarea no es conseguir votos. En estas elecciones estatales, el Gobierno Federal también jugó un papel importante, primero por la imposición de Carlos Torres, a quien envió a jugarse una candidatura que con sus disposiciones centralistas llevaba las de perder. Los mandatarios y dirigentes del PAN se preguntan el por qué de su derrota, sin embargo, basta recordar las disposiciones que afectaron primero a la importación de vehículos y que terminaron por llevar a la quiebra a miles de familias que vivían de este negocio; después, los impuestos como el IETU, el IEPS, aumentos a la gasolina, a la canasta básica, los bajos salarios y sobre todo, la falta de empleo. Por si esto fuera poco, Felipe Calderón Hinojosa remató con su disposición de controlar el depósito de dólares en efectivo en los bancos mexicanos sin diferenciar la economía fronteriza, una vez más los comerciantes, familias trabajadoras y honradas de Tijuana se vieron afectadas. Por otra parte el trillado tema de la inseguridad pública y su guerra fallida contra el crimen organizado y narcotráfico, acción que fue apoyada ciento por ciento por el Alcalde de Tijuana y el Gobernador de Baja California. A estos problemas o imposiciones federales se suma el mal gobierno de Jorge Ramos, la poca transparencia de gobierno; su falta de compromiso con diferentes sectores de la sociedad y para rematar, en plena época electoral, cientos de transportistas exigieron al todavía Presidente Municipal que cumpla sus promesas firmadas ante notario, las cuales pensaba romper y dejar de lado. Lo cierto es que tijuanenses y baja californianos están cansados de gobernantes que solamente ven por sus intereses y no toman en cuenta las verdaderas necesidades de la población. Al gobierno del PAN, no le sirvió de nada invertir millones de pesos en jornadas de apoyos sociales a madres trabajadoras, solteras y familias de escasos recursos. Panistas recorrieron colonias olvidadas para entregar cheques y tarjetas de por lo menos 300 pesos. Esta campaña social disfrazada de apoyos a quienes más lo necesitan no fue suficiente para conseguir el triunfo y tampoco para reconciliarse con un pueblo harto de un mal gobierno.
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