Violencia en México, en espiral ascendente PDF Imprimir E-mail

Por: María Elena Estrello / SIP

  • Continúa el abogado Fernández de Cevallos privado de su libertad.

En el marco de las elecciones que serán laboratorio para probar fórmulas políticas rumbo al corto periodo que nos separa de julio del 2012, el escenario donde se mueven alfiles y caballos negros no es el mejor ni el más pacífico.

La delincuencia organizada es el único grupo que dejará indelebles páginas en el presente sexenio, uno de los más violentos en la historia en México. Además, parafraseando la frase del técnico de fútbol Javier “El Vasco” Aguirre, esa comunidad efectivamente pasó del “sí se puede al ya se pudo”.

En otras ocasiones nos hemos referido al filósofo italiano Remo Bodei, quien analiza de manera magistral el uso político de las emociones, en este caso el miedo y la esperanza, en su texto “La geometría de las pasiones”. Nunca como en estos momentos, el libro resulta no sólo recomendable sino de obligada lectura para tratar de entender este proceso histórico en el que nos encontramos inmersos.

El día en que el Presidente Felipe Calderón tomo posesión como el Jefe del Ejecutivo luego de entrar (y salir) por la puerta trasera del Congreso de la Unión en la Ciudad de México, en medio de un impresionante aparato represivo del Estado hasta entonces nunca exhibido en las inmediaciones del rumbo de San Lázaro, esa jornada se antojó como un preludio de lo que vendría en los próximos años. Así fue; nos quedamos cortos, pues a dos años de la conclusión de la administración azul en tierras nacionales se ha visto de todo.

Bebés calcinados, una pequeña muerta por asfixia en extrañas circunstancias, tiroteo en el Metro de la Ciudad de México, violencia en las entidades fronterizas, epidemias que quizá no lo fueron, desaparición de miles de fuentes de empleo, grabaciones telefónicas filtradas a la prensa, políticos secuestrados y ahora, ¿por qué no? candidatos asesinados.

Quizá el mensaje del mayor generador de nota roja en medios de comunicación colectiva en los últimos años sea el de la necesidad de aplicar estrategias más fuertes para aplacar las “malas pasiones”, pues éstas son consideradas como factores de pérdida temporal de la razón, siguiendo a Bodei. El uso de la represión de las pasiones como instrumento de dominio político ha alcanzado niveles insostenibles. Peligran las instituciones y el sistema democrático.

Hace casi dos meses del asunto de “El Jefe” Diego. Se maneja que del secuestro las autoridades no quieren hablar para “no entorpecer las investigaciones y no poner en riesgo la vida de Fernández de Cevallos”. Vaya, y nosotros pensábamos que el secuestro era un crimen perseguido de oficio, pero tal tema será analizado en su momento por plumas especializadas en el ámbito legal.

Mi fuente, Gustavo Castillo García, prestigioso Premio Nacional de Periodismo por el asunto del Pemexgate, asegura tener información fidedigna de que el grupo que mantiene cautivo al acaudalado panista ha solicitado 50 millones de dólares para la liberación de la víctima. Aún no digerimos la información proporcionada, cuando otra nota periodística se tiñe de rojo sangre con la muerte del candidato a Gobernador de Tamaulipas.

Y por si fuera poco, el Maestro Carlos Monsiváis nos ha dejado huérfanos y la Selección Nacional no llegó al publicitado quinto partido (todo por hacer sándwich). Ya lo dijo Bodei: los problemas modernos no requieren de eliminación, sino de solución. Aunque para la muerte no hay tal.

 

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