|
Por: Aquiles Medellín Silva Debido al pésimo gobierno panista el pesimismo está siendo la antesala de la deserción: casi nadie cree ya en el Estado, ni en la política y mucho menos en los políticos del PAN. El grito de ¡sálvese quien pueda! nace en la Frontera Norte y se extiende hasta los estados del Sur (Chiapas). También la credibilidad se asoma al abismo como institución, pues le han quitado su honor. Felipe Calderón está en caída libre y el “líder” Nava(lú) parece de la oposición .Es solo un ave carroñera que se aprovecha de los despojos de los demás partidos: si sigue insistiendo en su irresponsabilidad puede que solo le quede la esperanza de gobernar un solar en alguna de las casas con las que se han enriquecido desde el gobierno. Las ecuaciones se complican: lo que puede ser tabla de salvación de Calderón es el haraquiri de Nava(lú). Y conseguir tiempo extra es para el presidente de unos cuantos panistas una complicada carrera de obstáculos en donde la reforma laboral, una posible huelga general y el debate sobre el estado de la nación son jalones que se interponen entre el presente demoledor y la calma chicha de agosto. Las catástrofes colectivas ajenas son un balón de oxígeno para Calderón. Alemania, esperanza y motor de Europa, prepara su miércoles negro con el mayor ajuste desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo EU. Esto no es un problema sólo mexicano. Pero, ¿quién vendrá a las costas mexicanas si Cameron también ha destapado la olla de la sospecha sobre las cuentas en el Reino Unido? ¿Alguien está libre de la lepra de esta crisis de ineptos y burros que comenzó siendo financiera y amenaza con llevarse por delante las conquistas de 50 años de arduo trabajo de sociedades enteras? Si el Tratado de Libre Comercio fue la piedra fundacional de la Canadá/EU/México y se hizo coincidir con el anhelado Estado del bienestar, ahora los dos objetivos están contra las cuerdas. Hemos producido presidentes burros e imbéciles. Igual que en Europa donde Alemania no se quiere seguir responsabilizando del viejo continente y busca una salida nacionalista a sus problemas. El Sur ya no mira al Norte con esperanza, sino con disciplina; los que piden austeridad y control lo van a tener que ejercer con ellos mismos. China permanece impertérrita en su crecimiento mientras las doctrinas de Obama andan embadurnadas en el petróleo del Golfo de México y los mexicanos de México tenemos 10 años de vivir inmersos en la corrupción de la familia panista. La tristeza que se está instalando no es sólo por las penurias que nos aguardan hoy. La desesperanza es que nada vuelva a ser lo mismo: nuestros hijos se tendrán que acostumbrar a vivir peor y el Estado se podrá desentender de ellos ahora que han pasado las elecciones que pegaron. Son tantas las afirmaciones que rápidamente se desmienten que cabe concluir que nadie sabe de verdad lo que nos depara esta crisis: ni los mercados, donde hay gente que acierta y otra que se equivoca; ni los analistas, que meten mucho la pata y que ni están de acuerdo entre ellos sobre los motivos de lo que está ocurriendo; ni los gobiernos, que parecen más despistados que nunca. Puede que la cosa empeore hasta extremos que nadie quiere imaginar. O puede también que nos quedemos como estamos. O sea, muy mal. Lo único que empieza a estar claro entre tanta incertidumbre es que, cuando termine la crisis, al Estado del bienestar que teníamos no lo va a conocer ni la madre que lo parió. Los tajos que se le están dando han llegado para quedarse. Y si las presiones sobre la deuda siguen apretando, habrá más. Un periódico italiano, La Repubblica, contaba hace días que el gobierno de Berlusconi está estudiando cómo elevar hasta los 70 años la edad de jubilación de los trabajadores que hoy tienen menos de 30. En Alemania, que ya lleva casi 10 años recortando los gastos asistenciales, se disponen a rebajar los subsidios al desempleo. Los periódicos británicos dicen que los recortes de David Cameron van a dejar pálidos a los de Margaret Thatcher. Aquí tenemos lo nuestro con la república bananera panista. Uno tras otro, todos los ejecutivos metidos de políticos han desechado, sin reconocerlo, el argumento de que las ayudas del Estado sostienen el consumo y, por tanto, la actividad económica: están cediendo al imperativo liberal que afirma que se debe consumir con el dinero que se gana trabajando. De la justicia social ya ni se habla…Pregunten al Alcalde de Tijuana que vive en San Diego. Y hace poco alguien decía que Keynes había resucitado. Sólo los sindicatos levantan la voz contra esos designios (apenas se oyen). Pero su protesta llega tarde. Tras décadas de pérdida de influencia social, de silenciosa adaptación de sus líderes y de sus cuadros al subsidio político arriban retrasados. Y, además, cuando es muy amplio el sentimiento de que esto no se arregla protestando. Lo cual no excluye que, un día, alguien se cuelgue de la manta la cabeza. Seamos realistas, hoy no podemos hablar de una política interior común y relevante porque no existe. Actualmente, cabe hablar de acciones torpes, como esa de regalar 12 mil pesos para comprarse un auto nuevo (68 por ciento de la población apenas y come dos veces al día), pero no de una acción común sólida respaldada por una doctrina social como la mejor forma de ayudarnos. En el escenario nacional, todo gira en torno a cuatro hegemonías: económica, monopólica, excluyente y llena de desigualdades. Respecto a las dos primeras, podemos considerar que Calderón estaría a la altura e incluso por encima de Estados Unidos, pero, sin embargo, la presencia e influencia de estos sectores es notablemente mayor que la gestión del PAN. La gran diferencia entre ambos es que los panistas en el gobierno disponen de una montaña de dinero sin rival, que proporciona una gran ventaja a la hora de diseñar e imponer el marco normativo que más favorece a sus intereses y los de unos cuantos. Pese a la pésima marcha del proyecto económico-político panista, sin duda su gran déficit es el desarrollo de unas fuerzas poderosas sociales que articulen la conectividad con los 107 millones de mexicanos. Hoy en día, una política interior eficaz no existe porque no viene respaldada ni dispone de información ni de un ejercicio inteligente de la nomenclatura panista y tampoco se sustenta en fuerzas armadas que transmitan la imagen y la sensación de poder al servicio de la sociedad. Lo que ha hecho Calderón es meter al Ejército a patrullar calles con el lamentable saldo que todos conocemos. Es en este último campo, donde Calderón tiene otra asignatura pendiente más delicada y espinosa. Especialmente, porque entronca con aspectos sensibles y esenciales para todos los miembros de las fuerzas armadas, como son los de seguridad y defensa. Se nos antoja muy difícil que los soldados cedan su tradición popular cambiando momentáneamente al servicio de un sexenio en estas cuestiones, pues son actores sociales con agendas propias y ajenas a los errores del Presidente en turno, con el agravante de que éste apenas tiene un boceto de sus objetivos después de cuatro años en el gobierno. Más allá de improductivas declaraciones generales de intenciones que nunca ha cumplido. Por no hablar de la absoluta falta de voluntad política necesaria para abordar y promocionar un Ejército común. Así las cosas, el gigante Calderón deambula mudo, sin rumbo fijo por el globo, repartiendo sonrisas para alegría de su familia y dictadores similares. Sin duda, en un ejercicio de inteligencia que a todos se nos escapa, Calderón guarda sus palabras para mejores ocasiones. Pero ¿cuáles mejores ocasiones? La crítica principal a Calderón ha sido que no es suficientemente plural, que no aparecen las voces contrarias a la independencia de un gobierno, que son muchas. Ciertamente, no lo ha entendido. Calderón y sus chiquillos no han presentado un debate sobre la independencia financiera sobre cómo está planteada la cuestión de la independencia en instituciones, leyes, historia, economía, proyectos. El PAN sólo muestra mercadotecnia, apenas vocifera, y después se autoaplaude. Entre la sociedad y él, cada cual opinará. Es como si se hiciera un documental donde se registran los pasos que ya se han dado en algunos lugares y los que deberían darse en otros sitios, si se quisiesen dar. Pero es cierto que el documento sobre Calderón y su estrepitosa Presidencia abren los ojos y da argumentos para el debate que nuestra sociedad tiene planteado desde hace tiempo. El objetivo de la sociedad no es aportar opiniones, sino datos, hechos. Y México aparece poco favorecido, porque es el único país que puede sacar al Ejército a la calle contra la voluntad de los ciudadanos. La culpa de eso, sin embargo, no es del inútil Calderón, sino de la Constitución. Todo lo que se dice la letra es verdad. Si algunas verdades dan vergüenza, por favor, no maten al mensajero. Y en otros asuntos no por ello menores. Resulta que los mercados “exigen” que los gobiernos reduzcan su déficit, que dejen de ayudar a los desempleados y empiecen a infligir dolor (Krugman). Pero lo notable es que los “mercados” no actúan uniformemente: la deuda del gobierno estadounidense y el déficit fiscal son importantes y a nadie le preocupa, pero la deuda griega, la española, la portuguesa, la húngara y sus respectivos déficit fiscales son motivo de alarma mundial. Ello indica que esos “mercados” razonan políticamente y no basados en una teoría que debía funcionar urbi et orbi. Aquí en México tenemos el caso del señor Carstens, sucesor de Gil Díaz, Aspe, Zedillo, Salinas y de allí a la eternidad nacional .Puro trapo usado remendón. Los “mercados”, es decir, las empresas financieras que sobrevivieron con apoyo gubernamental proveniente de los contribuyentes, al buscar rendimientos provocarán que millones en el mundo entero se vean arrastrados a la pobreza. John Paulson, quien ganó 15 millones de dólares apostando contra productos financieros que tenían hipotecas subprime, lo que le ha valido a Goldman Sachs la acusación de fraude del gobierno estadunidense, ahora apuesta contra el euro y contra la deuda española con posiciones bajistas. Algunos argumentos sostienen que griegos, españoles, portugueses, etcétera, estaban viviendo por encima de sus posibilidades; estos también puede aplicarse a los estadounidenses, con el agravante de sus excesos belicistas, lo que confirma que las calificaciones son políticas. En el presidencialismo mexicano existe una mayor probabilidad de que llegue como Jefe de Gobierno un improvisado, un aventurero, alguien sin experiencia política e incluso sin fuertes vínculos co las necesidades sociales. En el parlamentarismo esa probabilidad es mucho menor, pues el Jefe de Gobierno frecuentemente ha debido pasar varios años como legislador, y tener el liderazgo suficiente para hacerse nombrar líder de su partido. Algo semejante suele ocurrir con los miembros del gabinete. Las probabilidades de contar con liderazgos experimentados se elevan significativamente en el parlamentarismo, frente a, por ejemplo, el aventurerismo, la improvisación y la mediocridad política que, con excepciones, prevalece en el presidencialismo latinoamericano, especialmente en México y en Baja California. Pero dado nuestro insuperable dogmatismo, si el presidencialismo democrático fracasa, preferiremos retornar al presidencialismo de antes, donde sabíamos lo necios que eran pero teníamos un país menos dividido profundamente desigual como sucede con Calderón y el PAN.
|