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Por: Marco Antonio Blásquez - 1989: El PAN quemó las banderas del PRI
- 2010: ¿El PRI tendrá compasión del PAN?
Los resultados de la pasada contienda electoral dejaron ampliamente satisfechos a los que aspirábamos a un cambio de prácticas de gobierno. Comulgamos con quienes afirman que el partido que llegó al poder de mayoría en el Congreso y en los cinco municipios del Estado no es la Madre Teresa de Calcuta ni nada que se le parezca, pero era el único recurso que teníamos a la mano para atajar la perversidad de los panistas incrustados en el poder. Esta sacudida la propició el mismo 32 por ciento que siempre sale a votar. Esta es una mala noticia porque quiere decir que al restante 70 por ciento le pueden poner la bota en el pescuezo y se mantendrá pasivo; y buena, porque se rompió el mito del llamado “voto duro”, el que sentenciaba que si no sufragaba más del 40 por ciento, el PAN ganaría por decreto. Buena sorpresa se llevaron los arrogantes panistas cuando se percataron de que sus prácticas viciosas y pueriles funcionaron en contra de sus propios intereses. Además, este resultado llega justo cuando el sexenio de Felipe Calderón agoniza y el PRI se encuentra en la antesala de la recuperación de la Presidencia de la República. Lo que quiere decir que un desgastado y desacreditado PAN bajacaliforniano tendrá que remar contra la corriente para volver a la supremacía que mantuvo durante 21 años. Esto se antoja imposible por dos causas: a) El gobierno de Calderón es un auténtico guiñapo y la gente lo repudia ampliamente, b) La actitud del Gobernador Osuna Millán ante la derrota ha sido de completo desentendimiento. No parece que un engreído y soberbio de esa monta tenga la suficiente cordura y humildad como para revertir una situación en “fase terminal”. Los priístas que formarán mayoría en Baja California a partir de los próximos meses, deben tener muy claro el por qué la gente votó por ellos. Debe notarse una abismal diferencia entre el “priísmo castrotrentista” que picaba de la dentadura del cocodrilo panista, y el que tiene una amplísima posibilidad de reconquistar los puestos federales al tiempo que su candidato llega a la Presidencia de la República en 2012, y un año después, casi en automático, borrar del mapa a los azules. El anterior, al menos es el pronóstico. Y el hacerlo bueno, sólo depende del PRI. Esto es: si las cosas siguen como van a nivel nacional y en Baja California los priístas se empeñan en responder a la naturaleza del voto que los instaló en el poder, no habrá fuerza humana que redima a los panistas. Creo que en lo sucesivo, el PAN iniciará el triste peregrinar político que le tocó vivir hace 21 años al PRI, cuando los candidatos del tricolor eran abucheados durante sus recorridos y se veían obligados a esconder los logos del partido de sus mantas y espectaculares. A lo que el PRI vivió en aquellos tiempos y a lo que el PAN ya está experimentando se le conoce como “estar apestado”. Es de suma importancia que los liderazgos del PRI se respeten, fortalezcan y multipliquen. Al tiempo que la fuerza de gobierno desahoga la demanda popular, debe desencadenarse una promoción política sin precedentes, que garantice al tricolor el establecimiento de una base electoral propia. Si lo priístas se saben repartir el pastel y operan con la disciplina y orden que les ha caracterizado, el retorno panista no podrá darse por lo menos en nueve años. Por ello es muy importante que, por ejemplo, Carlos Bustamante entienda que fue electo porque prometió bajar el predial, oponerse a la demolición del parque “Benito Juárez” y practicar una auditoría a fondo a Jorge Ramos. Sería de letales consecuencias que don Carlos se hiciera como el “tío Lolo”, o que la mayoría priísta en el Congreso se dividiera y/o se pusiera al servicio de Osuna Millán. Hace 21 años, el PAN fue por todo contra el PRI. Persiguió y encarceló a sus líderes, y quemó sus banderas. El PRI no debe tener compasión de los panistas. Jorge Ramos, Osuna Millán, Eugenio Elorduy, Rodolfo Valdez, el que sea y como sea, deben ser enjuiciados. El pueblo así lo quiere, y si el PRI no quema las banderas panistas, ¡cuidado! La bacteria es peor cuando “rebota”.
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