Espigando / Julio 2010 PDF Imprimir E-mail

Por: Arturo Geraldo

Muchos mexicanos no se han dado cuenta que estamos viviendo en un régimen fascista, donde quienes realmente gobiernan son los poderes fácticos, representados por los dueños del gran capital, entre ellos grandes empresarios, banqueros y dueños de los grandes medios de comunicación, coludidos con el clero político que siempre está de parte de los poderosos. Nos encontramos como durante la dictadura de Porfirio Díaz, cuando los amos de México eran los terratenientes, diligentemente apoyados por los hombres de la sotana, encargados de mantener a los pueblos en la postración para que sean víctimas fáciles de los explotadores: esa es su reprobable misión en esta vida. Por desgracia, mucha gente sigue creyendo en sus prédicas porque la ignorancia es signo de sometimiento, por eso vemos que los gobiernos de derecha descuidan criminalmente el renglón educativo, porque saben que un pueblo ignorante no tiene manera de defenderse de los ataques arteros de los detentadores del poder, político y económico…

Estamos viviendo en las mismas condiciones de España bajo el absolutismo de Francisco Franco, cuando los españoles no tenían ningún derecho porque todo estaba conculcado por la espada y la sotana...Nos encontramos en las mismas circunstancias que vivió la hermana República de Chile bajo la bota asesina de Augusto Pinochet, con el agravante de que nosotros tuvimos una Revolución donde murieron muchos miles de mexicanos luchando por su emancipación social, pero la llegada del panismo al poder representa un retroceso de más de cien años en nuestra forma de vivir. Las fuerzas progresistas que se mueven en la penumbra de la Patria se mantienen alerta esperando el momento oportuno para retomar el rumbo trazado por nuestros próceres, ahora tan vilipendiados por los señores de la derecha, que pretenden borrar la historia de México, como si fuera posible quitar las estrellas del firmamento…

Estamos viviendo un episodio oscuro, lacerante, deprimente, pero tenemos que superarlo, como lo hemos hecho en el curso de nuestra existencia, porque somos un pueblo de héroes, con el pecho henchido de honor y de amor a nuestros semejantes...Podemos estar seguros, que el tránsito del panismo por los senderos de México, no será más que una mancha sanguinolenta que pronto se disipará con los vientos renovadores que vienen de nuestras montañas, con la fuerza incontenible de la pasión nacionalista que brota de las entrañas de nuestro suelo regado con la sangre de Hidalgo, de Morelos, Allende, Benito Juárez...Podemos estar ciertos que los abusos y arbitrariedades cometidos por el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa no quedarán impunes, porque los pueblos no olvidan nunca las afrentas; porque los gobiernos espurios son transitorios, mientras que la fuerza que emana de un nacionalismo auténtico es imperecedero...No debemos desesperarnos. No perdamos la compostura; sí debemos mantener latente el sentimiento de patriotismo heredado de nuestros antepasados, porque esa será nuestra bandera para reclamar los derechos inalienables que nos corresponden como mexicanos que llevamos en nuestra sangre el orgullo de la raza de Anáhuac.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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