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Por: Héctor Castellanos Cada vez que la señora Beatriz Paredes Rangel abre la boca para jactarse en forma petulante de lo que su partido ha hecho por México y afirmar que el país no se ha hundido más ante el fracaso de los panistas es, dice, “gracias al PRI”. Esto lo repite a diestra y siniestra y espeta que el poder debe regresar al organismo político por ella representado. Olvida doña Beatriz que el PRI ha sido responsable de los peores vicios durante ochenta años y sin pudor alguno denuncia la ineficacia e inexperiencia de diversos funcionarios panistas incapaces de limpiar el tiradero que su partido dejó tras de sí. Pero Paredes ya no recuerda que México arrastra un legado, una herencia de la cual los priístas tratan de desligarse siendo ellos responsables directos. Gracias al PRI el narcotráfico se infiltró en el Estado a partir de los años ochenta. El negocio de la droga creció y lo hizo con protección política de diversa índole: funcionarios, gobernadores y dirigentes de los tres niveles de gobierno. Cuando los panistas llegaron a la Presidencia de la República encontraron un Estado rebasado; se han enfrentado a autoridades estatales cómplices y se han topado con policías corruptos y procuradurías indolentes e incapaces. Sin duda, tanto la administración de Vicente Fox como la de Felipe Calderón no han encarado el reto de la mejor manera, pero lo cierto es que ellos no son responsables del problema. Lo heredaron. Hoy, los priístas culpan al gobierno panista de lo que ellos mismos engendraron. Sin embargo, doña Beatriz no alza la voz para cuestionar este grave problema: no sólo calla, sino que niega su existencia. Argumenta que México ha cambiado, que los trabajadores son libres y merecen respeto, cuando sabemos que es todo lo contrario. El corporativismo ha frenado el desarrollo de nuestro país. Para Beatriz Paredes el gobierno es un botín que debe compartirse únicamente con la familia de su partido. Por ello, las reformas estructurales de fondo seguirán esperando mientras la ciudadanía no comprenda que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. A México no lo cambiaremos con protestas callejeras, plantones, huelgas de hambre, ni con gritos, violencia y marchas multitudinarias. Llegaremos a ver una transformación cuando el imperio de la ley se manifieste con toda su majestad para transformar este país en la patria ordenada y generosa que tanto anhelamos. Esto lo lograremos solamente con un poder legislativo integrado por ciudadanos responsables y patriotas. No hay alternativa. Pero Doña Beatriz es opositora contumaz de todo lo que proponga el PAN. Ella no suelta el viejo discurso del PRI inspirado en el nacionalismo revolucionario que ya pasó a la historia. Ni los priístas creen en él. La dama Paredes señala sin rubor que el PAN es enemigo de México y nos endilga con vehemencia todos los males que aquejan al país. La demagogia es su oficio predilecto. Ojalá doña Beatriz recapacite: por bien de su partido y sobre todo, de México.
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