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Por: Marco Antonio Blásquez Osuna Millán extravió a “Lupillo” Cuando conocí a José Guadalupe Osuna Millán me impresionó. Era un joven servidor público que no veía más allá de la eficiencia y la honestidad. El respeto al pueblo lo anteponía a cualquier interés. Me lo presentó un cuñado de él, compadre mío, el verano de 1990 en el salón de fiestas de los Caballeros de Colón, que hoy son las oficinas de PSN. Osuna Millán, uno de los mejores prospectos del Gobernador Ruffo Appel era el Director de la Inmobiliaria del Estado y estaba a punto de tomar posesión como Director de la Cespt, el cual en mi opinión, es el mejor cargo que ha desenvuelto durante su longeva carrera como burócrata. Manejaba una camioneta Bronco café de reciente importación; sin duda se trataba de un hombre amable y platicador. Por aquel tiempo ni soñaba en ser Alcalde de Tijuana. En el ámbito familiar le decían “el Lupillo”. Siempre fui seguidor de su carrera. Estoy de acuerdo en que ha sido el mejor Director de Agua y el mejor Alcalde de Tijuana en la era “azul” de Baja California. Cuando se postuló para Ejecutivo del Estado no dudé en que le ganaría a Jorge Hank Rohn, y pensé que sería un Gobernador de época. En esto último, me equivoqué rotundamente. A mí, como a los miles que votamos por él, me sedujo su origen popular; su facilidad para presentar ofertas de gobierno y por el énfasis que marcaba en la política social hacia los niños, ancianos y personas con capacidades diferentes. Sería injusto si dijera que ha sido el peor y más corrupto Gobernador que ha tenido la entidad, porque ese sitio se lo ganó a pulso Eugenio Elorduy. Pero sí puedo asegurar que cuando ha transcurrido prácticamente la mitad de su mandato, las expectativas que yo tenía de él no han llegado ni al 30 por ciento. Y dudo que pase de allí. Osuna Millán es un reconocido administrador. La clave de su éxito en la política fue su facilidad para planear y ejecutar obras de equipamiento e infraestructura, así como su sensibilidad para atender las demandas sociales. Sus primeras dos cualidades las mantiene intactas, la tercera la perdió en algún momento de su ascensión al “virreinato”. El Gobernador ha cometido errores de los que se arrepentirá y seguramente pagará. Entre ellos podemos contarle: 1. La masacre de la Penitenciaría de La Mesa. 2. El desaire a las informaciones del General Aponte Polito. 3. Su tibieza y lentitud para atender las necesidades humanas posteriores a los sismos de Mexicali. 4. Su protección al repulsivo “dipucoco”. 5. Su proteccionismo, a nivel de complicidad, del patronato que pretende derruir el parque “Benito Juárez” para convertirlo en un negocio privado. Antes, también intentó despojar a la UABC de su riqueza territorial, pero una movilización social se lo impidió. Osuna Millán ha perdido su esencia como gobernante: su dominio del factor popular. Ahora su lenguaje político marca dos territorios, el de él y su camarilla y el del pueblo: el de los agitadores que se resisten a ser mancillados por un gobierno nepotista, clasista, insensible y solapador. “Malos” chicos los que acampan en un parque cívico para proteger los bienes comunitarios, y “buenos” los que al amparo del poder pretenden establecer una redituable plataforma de negocios sobre un bien público. Vamos a ahorrarnos aquella de que “… el gobernador tiene tiempo de reflexionar”, porque aunque lo tiene, el mensaje que nos envía en sus discursos y declaraciones, es que el poder lo ensoberbeció de tal forma que Osuna Millán no encuentra a “Lupillo” por ninguna parte. Sería bueno que alguien le prestara al Gobernador un video en formato VHS de alguna de sus fiestas familiares para que vea cómo aspectos tan elementales como la forma de hablar, caminar y hasta la sonrisa, le han cambiado. Pero a diferencia de sus antecesores panistas, Osuna Millán tiene que estar consciente de que es casi seguro que entregue el mandato a un gobernador priísta dentro de una Federación priísta. Y será entonces cuando los abusos pudieran tener repercusiones serias. La memoria de los desposeídos y atropellados no omite recuerdo. Hay una frase que queremos decirle hoy al Gobernador, pero que nunca quisiéramos recordarle posteriormente a su sexenio: “Los carniceros de hoy, serán las reses del mañana”.
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