Reflexión / Mayo 2010 PDF Imprimir E-mail

Por: Héctor Castellanos

Patriotas, patrioteros y diputados

Todos somos testigos de cómo en el marco de un capitalismo neoliberal desenfrenado y consumista se realiza un proceso de despersonalización en la sociedad contemporánea, que con publicidad y propaganda exageradas, así como desmedido consumismo y constante invitación al goce inmediato, ha herido en lo más profundo de su intimidad a hombres y mujeres, despojándolos de individualidad y capacidad para reaccionar en forma autónoma y responsable.

También somos testigos, como por medio de la televisión, la radio y la prensa se va conformando una ciudadanía con patrones de conducta uniformes y sin ninguna capacidad crítica. Acepta lo que se le dice sin discriminación alguna y sigue el camino que se le señala, sin considerar si es o no el correcto. Ante este peligro constante de la perdida de la individualidad y de la capacidad de decidir espontáneamente y sin coacción psicológica o moral, se impone una reflexión, un renovado caer en la cuenta acerca de lo que constituye la dignidad de la persona humana, su destino en la tierra y sus derechos fundamentales a una vida buena, ordenada y feliz.

El hombre y la mujer no son moda para cambiarlos física, y moralmente al antojo de grupos beligerantes que nos imponen patrones de conducta inaceptables y nosotros, los padres de familia, no estamos preparados para afrontar este reto que amenaza con destruir a la familia.

Por otro lado, no deja de preocupar que para la actividad más importante que se ejerce en el seno de la comunidad, no existe universidad que avale los conocimientos para ejercerla. Me refiero a ser padre o madre de familia. Los conocimientos que pudiéramos tener al respecto son producto de experiencias personales más que de estudios serios y bien documentados. Dicho de otra manera, aprendemos a ser padre o madre según sea el caso, “echando a perder” y tratando de corregir en el mejor de los casos nuestros errores, lo cual lamentablemente es poco frecuente.

Educar tal parece que cada día es más difícil. El entorno en que vivimos inmersos, es cada vez es más complejo y dificulta esta hermosa tarea de educar a nuestros hijos. Existen en el ser humano potencialidades congénitas asombrosas llamados valores y que toca a nosotros convertirlas en hábitos buenos o virtudes. Es competencia de nosotros, los padres de familia promover y enseñar a nuestros hijos a vivirlos intensamente. No me refiero a valores morales únicamente, sino también a valores sociales y políticos que los alienten a fomentar sentimientos de solidaridad para con sus semejantes y desarrollar en ellos su espíritu patriótico, de tal forma que se convierta en convicción plena “el no anteponer intereses personales sobre los intereses superiores de nuestra Patria”.

Es primordial enseñarles a no confundir el patriotismo con el patrioterismo rastracuachero y ramplón de “16 de Septiembre”, sombrero de charro, tequila, México, México ra ra rá, etcétera, etcétera. El patriotismo auténtico es un sentimiento profundo de solidaridad que nos hermana a todos los mexicanos y nos hace sujetos de un destino común: una Patria ordenada y generosa, una vida mejor y más digna para todos, en el marco de nuestros valores patrios, tradiciones, cultura, e idiosincrasia que nos hace sentir orgullosamente mexicanos.
Nuestros diputados y senadores han formado una legislatura que es vergüenza para los mexicanos. En el escalafón del respeto y la confianza a las instituciones públicas las encuestas los ubican en el último lugar.

Los legisladores consideran que su trabajo es arduo y difícil y por ello se asignan emolumentos y prestaciones escandalosas y no comprenden que es un privilegio servir con honradez y eficacia a nuestros compatriotas. Salvo muy raras y honrosas excepciones, el patriotismo brilla por su ausencia en el Congreso.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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