Espigando / Mayo 2010 PDF Imprimir E-mail

Por: Arturo Geraldo

Nos falta mucha información

Nos encontramos en una situación grave, la cual lamentablemente el grueso de la población no alcanza a percibir, pues la inmensa mayoría de los mexicanos está formada por gente que se encuentra ocupada en conseguir el sustento para atender las demandas familiares y no tiene tiempo para pensar, mucho menos para detenerse a leer para estar debidamente informado de lo que está ocurriendo. El ciudadano de a pie tampoco dispone de dinero para comprar periódicos, revistas y libros que le permitan enterarse de los sucesos que de alguna manera afectan su manera de vivir; lo único que puede hacer es asomarse a la televisión para escuchar a mercenarios como López Dóriga, José Cárdenas, Ciro Gómez Leyva y Pedro Ferriz, entre otros malandrines bien pagados que viven de la mentira, pero no tienen acceso a los comentaristas honestos como Lorenzo Meyer, Denisse Dresser, José Antonio Crespo, Ricardo Rocha, por citar nada más unos cuantos periodistas comprometidos con la verdad. Los medios de comunicación, salvo muy honrosas excepciones, se dedican a difundir toda clase de infundios para confundir a la opinión pública para que se estén peleando los unos con los otros sin saber por dónde les llega el golpe…

Por supuesto que esos medios están manejados con mucha habilidad para que la gente no se percate que la están engañando. Se busca la manera de decir mentiras que parezcan verdades auxiliándose de la tecnología de punta que tienen en sus manos, pues disponen de todo el oro del mundo para manejar dichos instrumentos de control…

Por ejemplo, la difusión del futbol. Con este deporte, los poderes fácticos tienen idiotizada a la población para que se olvide transitoriamente de la miseria que la rodea. Con un gol, el espectador soluciona todos sus problemas, aunque al día siguiente no tenga lo indispensable para alimentar a sus hijos; la euforia futbolera mantiene con vida al ciudadano para que éste siga arrastrando penosamente, pero sin quejarse, su vida cotidiana. También existen recetas para las amas de casa, es decir, millones de personas en toda la República: las tienen aturdidas con telenovelas y olviden que sus hijos tienen hambre. Novelas fantasiosas que miran las mujeres en las pantallas envuelven a las féminas hasta hacerlas sentir partícipes de esos engendros que deforman la imaginación para que nadie piense positivamente.

Por desgracia, la gente no se da cuenta de esas sutilezas porque no tiene la capacidad suficiente para analizar juiciosamente esos métodos de despolitización. El renglón educativo, tan importante para la nación, lo mantiene en sus manos una mujer tan perversa como Elba Esther Gordillo, por ello, el pueblo no se educa y no tiene el entendimiento suficiente para reclamar sus derechos. Sabemos que la población enterada no se resigna a vivir en la postración social; por si esto fuera poco, también se cuenta con el respaldo incondicional del clero para mantener el sometimiento de las masas esperando que la divina providencia los venga a salvar. A pesar de todo, las inconformidades populares siguen latentes en el ánimo de todos los ciudadanos, porque los pueblos, aunque no tengan conciencia plena de sus actos, llegado el momento reaccionan por instinto de conservación. Nosotros no perdemos la esperanza de que el pueblo mexicano despierte de su marasmo cívico y salga a las calles a protestar enérgicamente enseñando el puño desafiante a los millonetas insolentes que se han enriquecido con el sudor ajeno.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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