|
Por: Leticia Durán Mata / SIP El domingo 5 de abril cambió la vida de los que habitan en el Valle de Mexicali y sus alrededores: un temblor de 7.2 grados en la escala de Richter sacudió a Baja California. El movimiento telúrico se expandió en todos los municipios de este Estado, pero la capital y sus alrededores quedaron marcados como zonas de desastre. Marcaban las 3:40 PM hora del Pacífico, cuando el fuerte sismo azotó la península; veinte minutos después Mexicali quedó incomunicado. Las líneas telefónicas y redes de Internet quedaron desconectadas: centenas de bajacalifornianos deseaban información acerca de la situación de familiares y amigos, pero nadie podía comunicarse. Al parecer, las autoridades padecieron la misma situación pues durante las primeras horas después del sismo fueron los ciudadanos quienes se organizaron y apoyaron mutuamente para buscar albergues fuera de sus casas. En realidad, el cielo abierto fue la mejor opción, pues ante las réplicas registradas mínimo cada hora ninguna estructura parecía segura. Los recorridos por los principales bulevares de la ciudad después del sismo dejaban ver un Mexicali destruido. Más de 30 mil habitantes se quedaron sin servicios de agua y luz; los negocios quedaron desprotegidos; vidrios y ventanas de más de 50 por ciento de los locales comerciales se rompieron dejando a descubierto sus mercancías. Casas, edificios públicos y privados presentaron cuarteadoras pero por desgracia, la UABC y el Hospital General de Mexicali quedaron completamente inservibles. Los medios de comunicación colectiva también actuaron con parsimonia, luego del sismo nadie poseía información; muy pocos canales locales lograron acceder a lo que estaba ocurriendo en Mexicali después del movimiento de tierra. PSN, sin embargo, fue la excepción. Luego de los primeros 10 minutos del temblor, personal de los hospitales prestaron sus servicios en la vía pública. Enfermos e internados en el Hospital General fueron desalojados; el área de urgencias operó prácticamente en la calle. Los mexicalenses permanecieron en la calle, pues en ese sitio es donde se sentían más seguros. Fue un sismo de fuerte, pero que salió “barato” por su intensidad. El hecho de haber ocurrido en domingo y a esa hora del día produjo que afectaciones y pérdidas humanas y materiales fueran menores. La mayoría de los ciudadanos se encontraban en sus casas; edificios públicos y escuelas se encontraban vacíos e incluso las calles de la ciudad no estaban transitadas, lo que evitó mayor número de accidentes y caos viales. Las primeras horas del lunes 6 de abril, Mexicali despertó en tensa calma pues las réplicas del sismo continuaban: en menos de dos horas se dejaron sentir tres fuertes movimientos que alcanzaron los 3 y 4 grados en escala de Richter. El miedo aún se percibía en el ambiente. Las autoridades fueron lentas para reaccionar, a pesar de que las direcciones de Protección Civil Estatal y Municipal conocen la zona geográfica del Valle de Mexicali y que es por demás sabido que dicho sitio es altamente sísmico. Lamentablemente aún no se cuenta con algún protocolo para actuar en este caso de emergencias. Varias administraciones públicas se han referido Al tema de prevención y cultura sísmica, sin embargo ninguna de ellas se ha encargado de establecer algún tipo de acciones a seguir en situaciones como la que se experimentó ese ya famoso domingo. A pesar de ser día inhábil en un fin de semana de vacaciones, las autoridades lograron reunirse el mismo domingo para evaluar daños, sin embargo, las primeras horas después del sismo son cruciales para evitar el pánico entre la población. Desplegar cuadrillas de bomberos y protección civil para apoyar en las zonas más vulnerables, recorrer colonias y vialidades principales para atender cualquier derrumbe, tomando en cuenta que las comunicaciones estaban interrumpidas, sin embargo estas actividades nunca se vieron; pasaron días para que las autoridades pudieran detectar las zonas más afectadas y ofrecer ayuda necesaria.
Sociedad civil organizada Hay que reconocer la actuación de los mexicalenses después del sismo. El movimiento telúrico dejó a la ciudad y su valle incapacitados para continuar con sus actividades normales; los negocios no funcionaban, todo lucía cerrado; algunas tiendas de autoservicio abrieron sus puertas para vender artículos de primera necesidad como alimentos y agua; las gasolineras no podían abastecer combustible pues debido a la falta de energía eléctrica las bombas no funcionaban. Bancos y cajeros electrónicos tampoco. Los servicios de salud fueron lentos; las carreteras, inseguras. Este panorama se prestaba para que algunos ciudadanos, los más necesitados tal vez, recurrieran al saqueo de negocios desprotegidos. La falta de energía eléctrica, agua, comida y combustible por más de 10 horas pudo haber provocado un desorden social poco controlable, sin embargo, los ciudadanos actuaron diferente: el reporte de las autoridades fue de saldo blanco; no hubo robos, saqueos, ni se cometieron actos de vandalismo. Se pudo observar que ciudadanía se protegía entre sí. En estacionamientos públicos, parques, casas y espacios abiertos se observaron grupos de personas, familias completas conviviendo entre sí con el único fin de auxiliarse en caso de otro movimiento de tierra; se juntaron en grupos, en espacios específicos. El objetivo era ponerse a salvo pero al mismo tiempo permanecer seguros todos juntos. No esperaron alguna instrucción de la autoridad. Los mexicalenses no habían experimentado un sismo similar al del domingo 5 de abril, pero inmediatamente respondieron. Se habilitaron albergues en parques públicos, pero la ayudaba llegó a cuentagotas; tres días después del sismo había gente durmiendo en sus automóviles, pues las réplicas no cesaban.
El sismo en números Según reporte de autoridades federales se contabilizaron 35 mil personas afectadas, los daños a infraestructuras son incuantificables; las autoridades no saben a cuánto ascenderá el gasto para la reconstrucción de Mexicali. La actual administración había puesto en marcha recientemente la construcción de edificios, estacionamientos y vialidades, las cuales quedaron destruidas. El impacto fue tal, que se llegó a la decisión de reconstruir el Hospital General de la ciudad. El valle de Mexicali quedó destruido. Como siempre en estos casos, lo peor es para los que menos tienen: los habitantes de los ejidos dormían a orillas de la carretera en espera de ayuda; los poblados quedaron incomunicados, la actividad económica tardará en volver a la normalidad. Cientos de familias del municipio de Mexicali y sus alrededores tendrán que ser reubicadas. Aproximadamente 233 personas resultaron heridas y se reconoció de manera oficial dos personas muertas a causa del sismo. El diagnóstico de FIARUM reportó 11 fisuras leves en la zona El Centinela y no hubo interrupción del tráfico vehicular en las carreteras. Más de tres mil elementos municipales, estatales, federales y del Ejército, patrullaron las calles.
La ayuda Doce horas después del sismo se confirmó la visita del Presidente de la Republica, Felipe Calderón Hinojosa, quien realizó un recorrido por el valle, las zonas más afectadas de la capital del Estado y el Hospital General. Inmediatamente se activó el Plan DNIII; elementos del Ejército Mexicano patrullaban las calles y llevaron ayuda a colonias populares y zonas afectadas. El Gobernador José Guadalupe Osuna declaró inmediatamente a Mexicali en estado de emergencia, sin embargo, horas después fue consideraba como zona de desastre. Debido a esto, el Estado pudo acceder al Fondo Nacional de Desastres, lo cual permitirá una reconstrucción lenta pero segura. Ante la crisis económica de la cual apenas se está recuperando el país, las finanzas públicas del Estado y Municipio son escasas, sin embargo hay un compromiso federal para enviar recursos a este rincón de México. Los daños por el sismo se siguen contabilizando. La respuesta de la sociedad fue necesaria para sacar adelante Mexicali y su valle, pues las autoridades actuaron lerdamente. Durante las primeras horas después del sismo se desconocía la realidad de lo que se estaba viviendo. La reconstrucción de las afectaciones será tardía y sólo queda confiar en los gobiernos federales, estatales y municipales
|