Pobres empresas mexicanas, resultaron ser malos negocios... PDF Imprimir E-mail

Por: Lic. Edgardo Leyva

Los esfuerzos por exhibir en los medios de difusión nacionales y extranjeros la triste situación de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad se multiplican a medida que se agota el sexenio actual. Tal parece que no hay confianza en que el futuro Gobierno de la República atenderá obediente las exigencias, de fuera y de dentro, que generaron la entrega a extranjeros y particulares de bienes propiedad de la Nación desde la nefasta administración de Carlos Salinas.

Explosiones, incendios, sabotajes, robos de combustible, gasolineras clandestinas, refinerías que no se construyen aunque haya dinero y terrenos para ello; autorizaciones a particulares para generar su propia energía; termoeléctricas privadas para abastecer demanda norteamericana; instalaciones gigantescas para almacenar y distribuir gas importado; tuberías a lo largo y ancho del territorio nacional; jugosos contratos de obra y abastecimiento a corporaciones no mexicanas y miles de millones en “pérdidas”. Todo sumado a un clima de tensión permanente con los trabajadores sindicalizados son, entre otras, causas directas de la lamentable imagen pública que se proyecta hoy por hoy de las todavía “nuestras” Pemex y CFE.

Tenemos mucha experiencia (de la mala), en ventas, privatización o cierre de empresas y bienes de la Nación que se realizaron después de una intensa campaña de desprestigio que “justificó” su remate a precio de quemazón: Teléfonos de México, Mexicana de Aviación, Aeroméxico, Banamex, Bancomer, Comermex, Serfín, así como aseguradoras, ferrocarriles, aeropuertos, carreteras, barcos, transbordadores, instalaciones portuarias, e inmuebles de enorme valor histórico y comercial, sólo por mencionar algunos ejemplos.

¿Serán estas publicaciones los pasos preparatorios para consumar el despojo de sus últimos recursos al país?

La hacienda nacional se integra, en primer lugar, por los rendimientos de los bienes nacionales y, después, por los ingresos obtenidos por impuestos y otros cobros a los contribuyentes. Al perder el Estado sus bienes y la posibilidad de explotarlos sólo queda exprimir a la ciudadanía con la carga impositiva que aumentará como nunca se ha imaginado.

Perdimos territorio y bienes financieros en una guerra desigual e injusta pero nos defendimos. No regalamos más de la mitad de México ni lo vendimos en 1847. Nos lo robaron con las armas en la mano y una bandera extraña izada en Palacio Nacional. La Mesilla no fue simplemente una ventajosa transacción comercial sino una operación impuesta por los esclavistas del sur de los Estados Unidos que exigían un camino al Pacífico o la guerra.

Salinas, Zedillo y Fox vendieron casi todo el patrimonio nacional. No lo defendieron como estaban obligados constitucionalmente a hacerlo. Toca hoy al Presidente Felipe Calderón preservar lo poco que queda para las nuevas generaciones. Tienen todo el derecho. Así sea.  

 

Colaboradores

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