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Por: Lic. Edgardo Leyva El repugnante maridaje PRI-PAN en la iniciativa de reelección presentada recientemente al Congreso para su aprobación, ha provocado la condena de quienes consideran que el proyecto de gobierno emanado de la Revolución Mexicana victoriosa debe continuar vigente y que la propuesta de los coordinadores de las bancadas legislativas de los llamados partidos políticos grandes, traiciona el ideal primero de nuestro movimiento armado de 1910, reniega de las causas que le dieron origen y repudia la bandera de Francisco I. Madero: la No Reelección. La exposición de motivos de la reforma argumenta que el senador, diputado o munícipe debe ser reelecto porque después de haber ejercido el cargo durante el periodo constitucional correspondiente, ¨ahora sí¨ ya sabe como hacerlo. La actividad política que ignoraba cuando hizo campaña pidiendo el voto ciudadano es hoy ¨su especialidad¨. Después de varios años recibiendo un excelente salario y gastos, sin merecerlo, ha llegado el tiempo en que es un ¨experto¨. Ya puede regresar con sus electores a contarles que el tiempo de servicio a su costa fue una escuela que lo ha convertido en todo ¨un profesional¨. Resulta increíble que una reforma antidemocrática como la de reelección sea patrocinada por los partidos que supuestamente tienen el mejor capital humano. Tanto el PRI como el PAN presumen de intelectualidad y experiencia, pero la verdad es que cada día encontramos que más gente sin derecho participa en política. Los prematuros, los bisoños, los inexpertos, los que no están ¨listos¨, reciben las oportunidades de juego electoral por virtud de factores que no debieran influir en política como ambición, amistad, dinero y recomendaciones. Si en las condiciones jurídicas actuales llegan a las cámaras y a los ayuntamientos estos prematuros o anticipados de la política y pueden repetir en sus cargos, porque la reelección no inmediata es legal, y no les parece suficiente, sino que pretenden reelegirse hasta por 12 años, seguro también aspiran a gozar ininterrumpidamente de los exorbitantes sueldos que perciben, así como de los gastos propios de sus cargos para que nada falle en su proyecto personal. Este compromiso PRI-PAN y la reciente alianza PAN-PRD son indicadores inequívocos de que el objetivo de estos partidos políticos no es el bienestar nacional sino la obtención del poder a toda costa. La justicia social, el bien común y todo interés patriótico pasaron a último término, lo único que importa ahora es llegar. El fin justifica los medios. ¿La moral? ¡No tiene la menor importancia!
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