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Por: Arturo Geraldo Corrupción generalizadaLa política, bien manejada, podría ser una actividad noble y generosa, con repercusiones altamente benéficas para la sociedad, puesto que trata de mantener un sano equilibrio entre los diferentes sectores de la población y cada quien reciba lo que justamente le corresponde de acuerdo con las leyes y reglamentos que nos rigen. Desgraciadamente, la tergiversación de los valores morales provoca que los individuos que ocupan puestos de cierta relevancia den rienda suelta a la codicia y conviertan la política en una porquería cuya pestilencia trasciende los linderos de la Administración Pública para adentrarse en todos los ámbitos de la vida nacional, propiciando una corrupción generalizada que carcome los cimientos de la Nación, impidiéndole avanzar en el terreno de la prosperidad, porque el fango pestilente que brota de las instituciones nos salpica a todos, sin que podamos evitarlo. Vivimos inmersos en el ambiente nauseabundo que se respira en toda la República Mexicana. Lo hemos dicho, insistentemente, en esta misma tribuna, y lo seguiremos repitiendo cuantas veces sea necesario: el problema fundamental de México es la corrupción. Esto también lo afirman organismos internacionales que consideran a México como uno de los países más corruptos del mundo, sin que tales señalamientos influyan en el ánimo de quienes ejercen la autoridad, porque todos, sin excepción alguna, forman parte de esa podredumbre: "…donde le pique sale pus". La pudrición moral se genera en altas esferas políticas del país, principiando por los presidentes de la República. Ellos son los directamente responsables del desastre que existe en nuestra Patria, porque desde que llegan al poder, lejos de buscar la forma de poner las cosas en su lugar, lo primero que hacen es coludirse con los dueños del dinero para enriquecerse hasta el insulto, relegando a segundo término los intereses del pueblo, porque saben que éste no puede defenderse porque no existen mecanismos legales que les permitan hacer valer sus derechos constitucionales. Dígame si estoy mintiendo. A Miguel de la Madrid Hurtado, se le detectó una cuenta millonaria en dólares depositada en los bancos de Suiza, sin que pudiera justificar el origen de esa fortuna. Carlos Salinas de Gortari, después de ser Presidente pasó a ser uno de los hombres más ricos de México, aparte de que se robó Teléfonos de México en complicidad con Carlos Slim. Ernesto Zedillo Ponce de León, se encargó de negociar Ferrocarriles de México para convertirse en accionista principal de una compañía trasnacional, pero además, fue el propulsor del famoso Fobaproa, considerado el atraco del Siglo XX, hipotecando el futuro de millones de mexicanos por varias generaciones para luego repartirse el botín con un puñado de banqueros sinvergüenzas, sin la menor consideración para el pueblo de México. Ahora tenemos a Felipe Calderón, quien ha dejado en la calle a más de 45 mil trabajadores de la empresa Luz y Fuerza del Centro, para quedarse con el negociazo supermillonario de la fibra óptica, que le permitirá ingresar al círculo de los hombres más ricos del mundo señalados por la revista Forbes. No le tembló la mano sucia para firmar el decreto, pasando por encima de la Constitución para desaparecer una empresa que representaba el sustento de miles de familias mexicanas, en su enfermizo afán de enriquecimiento. ¿Un hombre, con esa calidad moral, podrá abatir la delincuencia en México? ¿Tendrá el descaro de hablar de honestidad? Se lo dejamos de tarea...
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