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Por: René Mora / SIP El deporte en el mundo está lleno de grandes historias. Algunas de ellas copadas de dramatismo, nos narran las vidas de grandes deportistas quienes con base en esfuerzo, dedicación y tenacidad, lograron destacar en alguna disciplina y convertirse en gente de bien y ejemplo para nuestra sociedad. Por desgracia, algo inexplicable sucede en los últimos años: los grandes atletas han cambiado su forma de ser, de vivir y de conducirse. Ello nos ha llevado a conocer la otra cara de la moneda del deportista. Vamos más claro: aquel gran atleta nos hace saber que también es un ser humano, pero en ocasiones, sin los pies en la tierra. Lo acontecido aquella madrugada del 25 de enero en un bar de la Ciudad de México, donde balearon al goleador del equipo América, Salvador Cabañas, fue una noticia que le dio la vuelta al mundo y nos hizo ver la cultura de la violencia en todo su esplendor. Múltiples dudas en torno al caso del delantero paraguayo Cabañas. No somos quién para juzgarlo, pero cualquiera pensaría que un atleta de alto rendimiento como él, entregado a su equipo, lo menos que puede hacer, es tener una disciplina dentro y fuera de la cancha, sobre todo, cuando juega para un grupo deportivo que siempre está en el aparador, en la noticia. Qué hacía Cabañas en un bar a las cinco de la mañana, un día después de la derrota de su equipo 2-0 ante Morelia. ¿Acaso Cabañas gozaba de privilegios en su equipo, tomando en cuenta que el lunes 25 tenía que entrenar? Son muchas preguntas que nos planteamos: si conocía a su agresor; si fue un pleito por una mujer, en fin. Lo importante en este momento, es que recupere la salud. La vida disipada de un atleta puede cambiar su vida para siempre, como lo ocurrido a Salvador Cabañas, quien en menos de un segundo, un disparo en la cabeza, le ha cambiado la existencia para siempre a él, a su equipo, a su esposa y a toda su familia. El paraguayo ya no será el mismo. Cuando se dice que a Cabañas le ha cambiado la vida para siempre, es una realidad, es porque hasta el momento, nadie puede asegurar que va a regresar a las canchas y si así fuera, los riesgos que enfrentaría por tener una bala alojada en la cabeza. Se cortaron muchos sueños: ser campeón con su equipo, jugar una Copa del Mundo y buscar un contrato lucrativo para jugar en Europa, entre otras oportunidades más que se presentaban en la carrera del guaraní. El caso de Chava debe abrir los ojos a las futuras generaciones, sobre todo, por los momentos en que estamos viviendo no solamente en México, sino, en todo el mundo: una violencia desmedida que rebasa a las autoridades, por muchos esfuerzos que se hagan. La violencia que se experimenta ha llegado a tocar a los deportistas, a quienes uno pudiera pensar que no les pasa nada y que son intocables. La realidad no es así. Las tragedias están presentes. Hace algunos años, en noviembre de 1999 para ser exactos, dos jugadores promesas del Atlas salían de un bar en Zapopán: César Andrade y Javier Amador, de 21 años de edad cada uno de ellos, tuvieron un fatal accidente que cambió sus biografías. Andrade perdió la pierna derecha a consecuencia de las lesiones. Su compañero tampoco volvió a las canchas. Rubén Omar Romano fue secuestrado saliendo de La Noria, donde se encuentra la casa de Cruz Azul, era el año 2005. Después de varias semanas, lo liberaron tras un operativo. A Guillermo Ochoa, portero del equipo América, un comentarista de televisión, quien fue pareja sentimental de la actual novia del portero, le puso un ojo morado. Esto nunca se dijo, pero el secreto no se pudo guardar. Mientras Cabañas se debatía entre la vida y la muerte, su compañero Juan Carlos Silva fue baleado en un glúteo en un asalto, afortunadamente, no tuvo graves consecuencias. Algunos aficionados pueden recordar que Octavio Muciño y Jaime López, del Guadalajara, fueron asesinados en el año 1974. Después del Mundial de Estados Unidos 1994, el jugador colombiano Andrés Escobar fue asesinado en su país saliendo de un bar, aparentemente por aquél autogol que anotó en el partido contra Estados Unidos y que le costó la eliminación a su selección. Son tragedias reales. Son difíciles de evitar, pero sí se puede trabajar. En Estados Unidos, las principales ligas, MLB, NBA, NFL, MLS, entre otras, acostumbran hacer seminarios con los prospectos de cada organización, donde se les dan a conocer las "tentaciones" que rodean a los atletas. Se les informa sobre lo que pueden encontrar: lo malo y lo bueno, las consecuencias y las tragedias. Se les aconseja cómo conducirse y llevar una vida disciplinada. Esto realizan directamente las ligas, además de los programas que tiene cada equipo, no importando nacionalidad, color de piel o religión: la disciplina es igual para todos. Si los jugadores son extranjeros y no hablan inglés, se les proporcionan clases particulares. En México, es necesario que la Federación Mexicana de Fútbol con toda su organización, también lo haga. Si se invierte para crear jugadores de primer nivel, de élite, también deben hacerlo para formar gente de bien, con disciplina sobre todo, porque no todos llegan a jugar en Primera División o en liga de ascenso. Es necesario hacerlo ya. Por Cabañas y por las futuras generaciones de futbolistas.
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